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La adhesión de Rumanía y Bulgaria a la Unión Europea (UE) el pasado 1 de enero no ha supuesto una llegada masiva de inmigrantes de ambas nacionalidades a España en los últimos meses. Así lo han indicado asociaciones de inmigrantes de ambos países y un portavoz de la embajada rumana en Madrid.

Aunque el número de tarjetas y permisos de residencia prácticamente se ha duplicado (sobre todo, de rumanos) en los primeros seis meses del año, las aludidas fuentes indicaron que la práctica totalidad de las nuevas tarjetas corresponde a ciudadanos de estos dos países que ya se encontraban en España el año pasado y que, gracias a la adhesión, han normalizado su situación tras convertirse en ciudadanos de la UE. Como tales, ahora tan sólo deben comunicar su intención de permanecer en España como residentes para obtener la tarjeta que certifica su inscripción en el Registro Central de Extranjeros.

Como indicio de que lo percibido por asociaciones y embajada se ajusta a la realidad, basta apuntar las cifras de los registros del Ministerio del Interior correspondientes a mediados de este año, pues son incluso más bajas que las que proporciona el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el último día del 2006. Según los datos del INE, en España había en esa fecha casi 525.000 ciudadanos rumanos y 121.000 búlgaros, frente a las 404.604 tarjetas y permisos de residencia de los primeros y 99.860 de los segundos registrados el pasado 30 de junio, según la información que proporciona el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, al que pertenece la Secretaría de Estado de Extranjería.

El portavoz de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes Rumanos en España, Gelu Blasi, explicó que, lejos de detectarse una llegada masiva, se ha producido una ralentización e incluso ya hay casos de compatriotas retornados ante las buenas expectativas que la adhesión comunitaria ha despertado en su país de origen. “En Rumanía los salarios están creciendo muy rápido porque la economía va bien y no hay mano de obra. No hay que olvidar que en el plazo de siete años han salido del país unos tres millones de rumanos, la mayoría de los cuales fue a parar a Italia y España”, señala Blasi, persuadido de que en breve habrá más retornos.

“Como no hay excedente de mano de obra, los empresarios de nuestro país se están viendo obligados a subir los salarios, y eso es otro aliciente para volver”, abunda el portavoz de las asociaciones españolas de inmigrantes rumanos. Y sólo es el comienzo de una situación que promete expandirse cuando comiencen a llegar a Rumanía los ansiados fondos de cooperación que les proporcionará la UE.

“Claro que se han abierto las puertas de España a los búlgaros con la adhesión, pero también las del Reino Unido, Alemania y otros muchos países más atractivos para mis compatriotas que éste”, afirma Petia Tzaneva, presidenta de la Asociación de Inmigrantes Búlgaros en el país. Tzaneva también constata que la adhesión no ha marcado un antes y un después en la llegada de compatriotas.

Al margen de sus plenos derechos laborales, la adhesión ha convertido a los rumanos en el colectivo de inmigrantes europeo más numeroso de cuantos residen legalmente en España. Por lo que respecta al resto de las nacionalidades, sólo les superan los marroquíes (603.686). Los originarios de Rumanía documentados son ahora incluso más que los ecuatorianos (397.430).

En comparación con otras nacionalidades, los rumanos incluyen un porcentaje de menores de edad poco elevado, lo que podría indicar una inmigración más temporal, con inferiores perspectivas de fijar su residencia definitiva en España. Según los datos de Extranjería, actualmente residen aquí 34.534 rumanos con menos de 15 años, frente a los 61.000 ecuatorianos de la misma edad, cuando los colectivos totales de ambas nacionalidades son muy similares.


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