Videojuegos solidarios

Las ONG desarrollan juegos que fomentan la solidaridad entre los más jóvenes, frente a otros con contenidos violentos y actitudes discriminatorias

El consumo de videojuegos alcanzó en 2006 los 967 millones de euros, un 12% más que el año anterior. Según datos de la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (ADeSe), los videojuegos suponen el 40% del total del ocio audiovisual, por delante de la taquilla de cine, la música grabada y las películas de vídeo. El dato obliga a controlar el contenido de los videojuegos para que los menores sólo accedan a aquellos que están permitidos para su edad. Más aún en vísperas del Día de Reyes. Si las previsiones se cumplen, para esta fecha se espera que los videojuegos sean uno de los regalos más repartidos, por lo que conviene conocer el marco legal que los regula y saber que existen alternativas ideadas por ONG que ayudan a fomentar la solidaridad entre los adolescentes.

En la actualidad, casi el 50% de la población es usuaria de videojuegos. La edad media de quienes más disfrutan de esta actividad se sitúa entre los 20 y 30 años, aunque la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento calcula que más de la mitad de los padres con hijos menores de 14 años ya les han comprado videojuegos. El dato es lo suficientemente llamativo como para esforzarse en garantizar que el contenido de este tipo de diversión sea apto para cada edad. De hecho, la Comisión Europea lanzó en 2003 el código de autorregulación PEGI (Pan European Game Information), que permite clasificar los distintos juegos por edades.

Amnistía Internacional asegura que, a pesar de la entrada en vigor del código PEGI, en el mercado existen videojuegos dirigidos a menores de edad en los que se ensalza la violencia y se fomentan estereotipos de género y actitudes discriminatorias hacia las mujeres. Asimismo, ha documentado la facilidad con que los niños y niñas acceden a videojuegos clasificados para adultos. En una prueba realizada en establecimientos de Cartagena, Madrid, Oviedo, Palma de Mallorca, Vitoria y San Sebastián durante el pasado mes de noviembre, se comprobó que las tiendas de videojuegos no ponen pegas a los menores a la hora de comprar un videojuego clasificado para adultos según PEGI. Sólo en un caso se impidió a un menor de 10 años adquirir un videojuego clasificado para personas mayores de 18 años.


Videojuegos solidarios
Frente a los videojuegos habituales en los que, en algunos casos, se atenta contra los derechos humanos, algunas ONG han promovido el desarrollo de juegos que fomentan buenos valores. Así, Intermón Oxfam lanzó en marzo del pasado año “Refugee”, un videojuego para móviles cuyo objetivo es sensibilizar sobre las crisis olvidadas del mundo. La protagonista del videojuego es Aissa, una heroína que huye de la sequía en su país y, entre otras cosas, debe buscar comida y agua en un país extraño. Los fondos recaudados con las descargas del videojuego -que se hacen enviando “io” al 5757, con un coste de 2,40 euros- se destinan a los programas de ayuda humanitaria de Intermón Oxfam en los campos de Djabal y Goz Amer.

Otro ejemplo es “Against All Odds”, del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR. Este juego está dirigido a jóvenes entre 12 y 15 años, y cuenta con versiones en inglés, alemán, griego, noruego y sueco. En España se lanzará probablemente en junio de este año. El objetivo es fomentar una actitud positiva hacia los refugiados entre los más jóvenes, que deben hacer todo lo posible para reconstruir su vida en un país extranjero: acudir a una nueva escuela, aprender un idioma diferente y encontrar nuevos amigos.

Por su parte, Unicef cuenta con varias alternativas de juego. Por un lado, “Ozonalia” aboga por el fomento del consumo responsable y el comercio justo, mientras que “Ungefanyaje?” (¿Qué harías tú?) intenta ayudar a los adolescentes de los países más afectados por el sida a prevenir el contagio por VIH. El juego está disponible en inglés desde 2004 y se ha traducido al suajili para que puedan acceder a él los jóvenes de los países del este de África. Por último, Unicef cuenta con una sección de juegos interactivos sobre otros temas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la protección del medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas, así como un juego sobre la reducción de desastres naturales, “¡Alto a los desastres!”, diseñado por la ONU para jóvenes de 9 a 14 años. En este juego, cada participante cuenta con un presupuesto para la construcción de hospitales o viviendas. Cuantas más vidas se salva, más puntos se ganan.

La sección sueca de Save the Children ha desarrollado “El mundo de DINA” para jóvenes entre 7 y 13 años. El juego (con versión en castellano) gira en torno a la Convención sobre Derechos del Niño y contiene historietas animadas e información sobre los derechos del niño. Por otro lado, para los jóvenes entre 8 y 13 años, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas propone “Food Force”. La historia se desarrolla en la isla de Sheylan, donde los jugadores deben cumplir diferentes misiones: ubicar refugiados, distribuir comida, negociar con grupos rebeldes (sin armas)… Al final de cada misión, se puede ver un vídeo sobre la forma en que la agencia de alimentos de la ONU hubiese resuelto la situación.

Por último, Manos Unidas ha desarrollado “Un juego peligroso”, en el que cada jugador obtiene puntos cada vez que responde correctamente a una pregunta sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las relaciones Norte-Sur. En el juego se ofrece información sobre los ODM, la ayuda oficial al desarrollo o diferentes alternativas para ayudar a combatir la pobreza.

Fuente: consumer.es

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